UGTCyL alerta sobre el incremento de los accidentes de trabajo, confirmando la tendencia al alza desde 2014

13 Feb UGTCyL alerta sobre el incremento de los accidentes de trabajo, confirmando la tendencia al alza desde 2014

Por tercer año consecutivo los accidentes de trabajo en Castilla y León han crecido un 8% en el año 2016, incremento que confirma la tendencia al alza iniciada en el 2013, y que reafirma indubitativamente que la falta de inversión en prevención de riesgos laborales es la principal causa que explica este incremento.

Efectivamente, a lo largo del 2016 se han producido en nuestra Comunidad Autónoma 23.308 accidentes de trabajo con baja en jornada laboral, lo que supone un incremento del 8,30% de este tipo de siniestros que se explica principalmente por el fuerte incremento de los accidentes leves. Por otro lado, 46.072 trabajadores han sufrido un accidente sin baja sin baja, experimentando este tipo de accidentes un incremento del 5% respecto al año anterior.

Por lo que se refiere a la gravedad, 166 han provocado a los trabajadores una lesión grave y 30 han perdido la vida trabajando a los que debemos sumar otros 6 accidentes de tráfico en misión, lo que arroja un balance total de 36 muertos por accidente de trabajo, idéntica cifra con que cerró el año 2015 y tres fallecidos más que en 2014.

Por grandes sectores de actividad, en el sector Agrario concentra el 7% de los accidentes con baja en jornada de trabajo, Industria el 26%, Construcción el 11% y el sector Servicios el 53%. Si tomamos como indicador el índice de incidencia observamos que Construcción sigue siendo el sector con este indicador más alto, seguido de Industria (52,4), agrario (46,78) y por último Servicios (24,5).

Si analizamos la gravedad de los mismos vemos que Servicios es el sector peor parado ya que concentra 54% de los accidentes graves y el 47% de los mortales, seguida de Industria con un 28% y un 30 respectivamente. De hecho en Industria la mortalidad se ha incrementado en un 125%.

A pesar de ello, sigue siendo Agricultura uno de los sectores de mayor preocupación y por tanto, debe centrar la atención de la autoridad laboral en la medida en que explica el 13% de la mortalidad general, con un incremento del 8% en lo que a accidentalidad se refiere. De hecho, el índice de incidencia del sector es del 46,8 (3 puntos por encima del 2015).

Junto al incremento de los accidentes en centro de trabajo hay que sumar el de los accidentes in itinere, que han subido un 15% respecto al 2015.

Sigue siendo muy llamativo que el sector de la Construcción experimente un incremento cercano al 6% en la accidentalidad global, con un aumento de los accidentes graves del 78%. Este caso representa el prototipo de una situación sobre la que venimos alertando desde hace tiempo. El descenso de la siniestralidad laboral experimentado años atrás, especialmente desde que estalla la crisis hasta el 2013, no viene explicado por una mejora de las condiciones de trabajo, ni por mayores inversiones en seguridad y salud, sino por la pérdida progresiva de empleo. De tal manera que en el momento en que comience a haber una recuperación económica como la que estamos experimentando, aunque sea leve en términos de creación de empleo, la accidentalidad laboral de disparará. Y así ha sido.

El sector industrial tampoco ha evolucionado bien. La accidentalidad global en el año 2016 ha crecido un 8,16%, los accidentes graves un 4,44%%, y los mortales un 125%.

Por lo que se refiere a las enfermedades profesionales, la denuncia sigue más presente que nunca. Las 987 enfermedades profesionales declaradas, dan testimonio de la evidente infradeclaración de este tipo de contingencias que caracteriza a nuestro sistema de declaración. De ellas, 426 son con baja lo que manifiesta que además de declararse pocas, la mayoría no causan baja médica.

Este es el panorama que tenemos, y no es bueno. Desde UGTCYL venimos alertando desde hace tiempo que bajo el pretexto de la crisis, son muchas las empresas que han dejado de lado sus políticas preventivas, reduciendo cuando no eliminando por completo, las inversiones en esta materia.

Venimos denunciando además, que las enfermedades profesionales siguen silenciadas, atrapadas en ese entramado de intereses (INSS/MUTUA) conocido y consentido por el Ministerio de Empleo.

Venimos advirtiendo de manera reiterada que la crisis económica (y naturalmente las medidas que la han acompañado) ha transformado de manera radical el modelo de relaciones laborales.

La vía elegida para salir de la crisis es una espiral de austeridad y devaluación interna en la que la negociación colectiva pierde peso, las relaciones laborales tienden a la individualización, la precariedad define un mercado de trabajo en el que la contratación temporal y a tiempo parcial y la alta rotación entre empresas ganan espacio a marchas agigantadas y las altas tasas de paro y el miedo a perder el empleo convierten en papel mojado los derechos de trabajadoras y trabajadores. En este contexto, el legislador ha decretado la unilateralidad empresarial como forma de gestión de la prevención en las empresas españolas. Y todo esto, ha supuesto un coste sobre la salud y seguridad de los trabajadores.

Venimos exigiendo también, más medios y recursos para una Inspección de Trabajo que consideramos esencial para el control del cumplimento de las normas, y mayor dotación para las Unidades de Seguridad y Salud, fundamentales para el desarrollo de campañas de control y asistencia técnica.

Como también mayor control de la Administración para que aquellas empresas que han sido sancionadas con carácter grave por incumplir sus obligaciones preventivas, no puedan contratar con las administraciones públicas la realización de obras y servicios. Además, reivindicamos que los aspectos relacionados con la política preventiva de las empresas, así como los recursos de los que disponen y el grado compromiso con la seguridad y salud de los trabajadores, sean elementos esenciales de cualquier proceso de licitación y posterior concesión, pública.

Además, es imprescindible contar con el delegado territorial en Castilla y León, que cubra el vacío de representación específica que en estos momentos hay en el 95% de las empresas de nuestra Comunidad, garantizando el cumplimiento de las normas preventivas en las pymes y micropymes y por tanto, incrementando los niveles de seguridad en estas pequeñas unidades productivas.

Por último, para romper este círculo vicioso de empobrecimiento y recortes pasa por poner fin a las políticas de austeridad y dar paso a una progresiva transformación del modelo productivo de nuestro país que permita la democratización de las relaciones laborales, el ejercicio efectivo de derechos, la interiorización de la cultura preventiva en las empresas y la generación de un sistema preventivo dinámico que anticipe los nuevos riesgos laborales emergentes.

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