02 May “Queremos romper con la resignación y pelear por una sociedad justa”
Miles de personas se manifestaron este domingo en Castilla y León, festividad del Día del Trabajo, para reivindicar “un empleo con derechos y contra los recortes sociales”, en un Primero de Mayo marcado por los últimos datos de la Encuesta de Población Activa, EPA, que elevan a cerca de 205.000 el número de parados en la comunidad autónoma.
El Secretario General de UGT en Castilla y León, Agustín Prieto, destacó en la manifestación de Valladolid que hay tantas razones cómo número de desempleados se registran actualmente en la región para salir a la calle y rechazar la política neoliberal y de recortes sociales puesta en marcha por el Gobierno de la nación.
Prieto defendió la convocatoria de Huelga General del 29 de Septiembre, una protesta necesaria que, aseguró, ha logrado frenar la ofensiva iniciada por el Ejecutivo contra los derechos de los trabajadores y trabajadoras de este país. “La lucha continúa y el conflicto sigue abierto”, advirtió el líder ugetista quién criticó la gestión de la crisis, alertó ante un posible estallido social “que puede ser aún peor que la crisis económica que estamos sufriendo”, y exigió al Gobierno la retirada de una reforma laboral cuya incapacidad están avalando los datos del desempleo conocidos recientemente.
Para UGT, ” es necesario no resignarse y pelear por una sociedad más justa, para que nuestros hijos e hijas tengan mejores expectativas que las nuestras”.
Por otra parte, y ante los comicios del 22 de mayo, el Sindicato destacó que el partido que gane en las urnas en estas Elecciones deberá de tener al empleo como una prioridad absoluta, en esta legislatura. UGT tiene claro que no es lo mismo una propuesta que otra, y que, por tanto, habrá que valorar aquellas que legitimen lo público, defiendan los derechos sociales, aboguen por una reforma fiscal progresista en la que paguen los que más tienen y propugnen un cambio político basado en los valores de izquierdas.
Las manifestaciones del 1º de mayo congregaron en Castilla y León a unas 15.000 personas.