30 Abr Son imprescindibles políticas que incentiven la economía en sectores emergentes y que aporten valor añadido
La Encuesta de Población Activa que publica hoy oficialmente el INE, refleja un aumento del número de desempleados de 19.400 personas en el primer trimestre de 2010 respecto al último trimestre de 2009. Por tanto, se alcanza la cifra de 185.900 desempleados, lo que supone un incremento del 1,71% frente al trimestre anterior. Esto sitúa la tasa de desempleo en el 15,86, cerca de dos puntos por encima que en el trimestre anterior, y 2 puntos superior a la recogida en el primer trimestre de 2009.
La destrucción de empleo, aunque continúa siendo más intensa entre los hombres, pues hay un 2,36% de desempleados más, afecta también cada vez en mayor medida a las mujeres, un colectivo en el que el paro se incrementa en un 0,84% respecto al último trimestre.
La EPA del primer trimestre ha constatado que la recesión de la actividad económica no ha tocado fondo aún, pues no se ha trasladado a una mejoría en los niveles de ocupación en el mercado de trabajo. De hecho, la destrucción de empleo refleja que las medidas adoptadas hasta ahora, tanto por el Gobierno Central como por la Junta de Castilla y León, no están siendo suficientes para estimular la actividad productiva de nuestra Comunidad.
A pesar de los esfuerzos para proteger a los desempleados, la mayor seguridad la da el desempeñar un trabajo.
Tras dos años de recesión económica, con un deterioro creciente del mercado de trabajo, las políticas que incentiven la actividad económica en sectores emergentes y que aporten valor añadido resultan imprescindibles.
Si los signos de recuperación económica que se vislumbran a través de los indicadores adelantados no se confirman con rotundidad, el peligro de que el creciente paro de larga duración incremente el desempleo estructural es cada vez mayor.
Para estos desempleados de larga duración, sigue siendo completamente imprescindible mejorar y ampliar las políticas activas de formación, así como la mejora y adaptación de los mecanismos de intermediación y orientación laboral. Sin olvidar el mantenimiento de las políticas de prestaciones por desempleo.
En el marco del Diálogo Social se pueden alcanzar acuerdos que faciliten aún más los cauces de contratación, permitan ajustar las necesidades laborales de las empresas a las condiciones de una economía competitiva en el marco de la flexibilidad interna, procurando la adaptación de las jornadas, y con ello el mantenimiento del empleo, y busquen, por otro lado, mejoras en la seguridad de los trabajadores. De esta forma, lograremos un mercado de trabajo adaptable a las necesidades de flexibilidad que exige la situación económica sin rebajar la seguridad en el empleo de los trabajadores, facilitando asimismo la reincorporación de los desempleados.
La tan discutida flexiseguridad se debe buscar sin olvidar las dos partes que componen el término: ya tenemos flexibilidad externa, mejoremos el uso de la flexibilidad interna y potenciemos la seguridad.