UGTCyL reclama un cambio urgente de las políticas económicas

25 Abr UGTCyL reclama un cambio urgente de las políticas económicas

Los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) publicados hoy por el INE, correspondientes al primer trimestre de 2013, muestran un incremento en el  número de parados de 36.700 personas en Castilla y León, un 16,23%, con respecto al primer trimestre de 2012, lo que sitúa la cifra total de personas en desempleo en 262.600. En cuanto a la tasa de actividad en Castilla y León es del 54,84%, 5 puntos por debajo de la media nacional. En cuanto a la tasa de paro se ha incrementado en el último año en 3,41 puntos, llegando al 22,71%. UGT reclama un cambio urgente de unas políticas económicas que sólo van a conseguir agravar la situación, perpetuar la crisis y avanzar por el camino de la regresión económica y social.

Los datos de la Encuesta de Población Activa referentes al primer trimestre del año 2013, hechos públicos oficialmente hoy por el INE, recogen un aumento de 36.700 parados en Castilla y León respecto al mismo período del año anterior, lo que eleva el total de desempleados hasta los 262.600. Esto, unido al estancamiento de la población activa, sitúa la tasa de paro en el 22,71%, 3,41 puntos en datos interanuales. Además la población ocupada durante el último año cae en 51.200 personas, lo que supone un descenso del 5,42% . La tasa de actividad de Castilla y León es 5 puntos inferior a la media nacional.

Si con estas tasas de desempleo el gobierno español y las instituciones europeas no entienden que el empleo debe ser lo primero, y que en este sentido hay que cambiar urgentemente las políticas económicas, estamos abocados a una regresión económica y social en nuestro país desconocida en los últimos 75 años, y muy probablemente a una peligrosa quiebra democrática en los países más afectados, que resulta incompatible con una Europa próspera y en paz.

Repitiendo errores del pasado, y demostrando una preocupante miopía política, el Gobierno pretende, día si y día también, hacer pasar por signos de esperanza y mejora lo que en realidad son pruebas de inoperancia y agravamiento de la situación. El efecto en la ciudadanía es el contrario: lejos de inspirar optimismo, añade frustración, desesperanza e indignación.

La reforma laboral ha cumplido un año completo de vigencia. Una reforma que, no hay que olvidarlo, el Gobierno aprobó sin diálogo con los interlocutores sociales, de forma unilateral, y por la vía de urgencia, con el objetivo declarado de frenar la destrucción de empleo e impulsar su creación. En esos términos hay que medir su eficacia, y los resultados son evidentes.

Ahora bien, si lo que se pretendía realmente era inducir una brusca devaluación salarial, reducir derechos laborales de los trabajadores, desequilibrar las relaciones de poder en la negociación colectiva de las empresas a favor del empresario, y facilitar y abaratar la reducción de plantillas de las empresas, entonces ha sido un rotundo éxito. Porque esos están siendo sus logros,ni un resultado positivo.

La crisis solo puede venir de la mano de un cambio de políticas. Algunas declaraciones de los máximos responsables de organismos e instituciones internacionales (FMI, Comisión Europea) parecen apuntar a un relajamiento de las exigencias temporales del ajuste. En el caso de España, dos años más para lograr un déficit del 3%. Este cambio de planteamiento, de confirmarse, debe ser bienvenido. Pero no es suficiente en absoluto.

Debe ir acompañado de un cambio de políticas para compatibilizar el necesario ajuste, en plazos adecuados, con medidas de impulso a la actividad, con reformas clave (sector financiero, sistema tributario, competencia de mercados de bienes y servicios), con el fortalecimiento de los servicios públicos esenciales (educación, sanidad), y con políticas de refuerzo de los sistemas de protección social (pensiones, prestaciones sociales).

Igualmente, es necesario revertir en nuestro país las medidas impuestas por la reforma laboral de febrero de 2012 y las normas que la han ido complementando.

De lo contrario, el aparente cambio de actitud que parece plantearse desde instancias europeas se tratará tan solo de un cambio retórico sin contenido real, que el conjunto de la ciudadanía no está dispuesto a aceptar.

Noticias Relacionadas