219.859 parados en Castilla y León necesitan un plan de choque urgente de políticas de empleo

02 Feb 219.859 parados en Castilla y León necesitan un plan de choque urgente de políticas de empleo

Datos nefastos para Castilla y León los relativos al paro del mes de enero de 2012 con 11.384 parados más que en diciembre de 2011. En datos interanuales contamos con 15.593 parados más que en enero de 2011. Nos situamos en 219.859 parados, el peor dato en un mes de enero desde 1996.

Los datos de contratación tampoco son positivos.En datos interanuales la contratación ha descendido en 3.400 contratos.
EL descenso más acusado se produce en la contratación indefinidida que baja el 31,27% frente al 4,95% que desciende la contratación temporal.

La Administración no puede ni debe abandonar a los 96. 928 castellanos y leoneses que en la actualidad carecen de cualquier tipo de cobertura por desempleo y que se encuentran en un gravísimo riesgo de exclusión social.

Los datos del desempleo no dejan de crecer: la economía está paralizada y las medidas hasta ahora tomadas no han sido eficaces. De ahí la necesidad de establecer un plan de choque urgente de políticas de empleo.

Los objetivos de las políticas no pueden dirigirse a calmar a los mercados financieros internacionales. Los objetivos de la política económica del gobierno deben centrarse en los ciudadanos y, ahora mismo, ninguna reforma laboral puede solucionar el grave problema del desmepleo que estamos sufriendo.

El II Acuerdo para el Empleo y la Negociación colectiva, en el horizonte de los próximos tres años, pretenden contribuir a la confianza que los atentes económicos para reactivar la economía y, con ello, recuperar mayores niveles de empleo. Pero el esfuerzo de los interlocutores sociales no será suficiente si el gobierno no actúa con políticas económicas de reactivación.

La confianza no se logrará anunciando profundas reformas laborales sin consensuar ni discutir con los interlocutores del mercado de trabajo. No se puede ofrecer confianza diciendo que la dureza de lo que se avecina provocará el descontento y la protesta de los trabajadores. Esa supuesta confianza a los mercados internacionales no es más que una carga para los ciudadanos, quienes deben ser los protagonistas de las políticas económicas y no los sufridores de los devaneos del gobierno.

 

 

 

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