13 Ago IPC. La precarizaicón de las condiciones de trabajo y las condiciones de vida no terminarán con la crisis
Los datos de IPC, correspondientes al mes de julio, publicados hoy por el INE, sitúan la tasa de inflación para Castilla y León en el 2,0%, una décima por debajo de la registrada en el mes anterior y dos décimas superior a la media nacional. UGT valora esta moderación, que responde a menores subidas de los precios de los medicamentos, productos energéticos y combustibles, sobre todo después de la pérdida de poder adquisitivo de rentas y pensiones durante la crisis, pero considera que el nivel de precios continúa en niveles sorprendentemente altos para una economía en recesión que registra una caída constante del consumo. El sindicato insiste en que es necesario un cambio de política y recuerda que la evolución de los precios desmiente la pretendida vinculación entre rebajas salariales y creación de empleo: El ajuste salarial no se ha traducido en una mejora del mercado de trabajo y, sin embargo, sí se observa un aumento de las rentas del capital, que crecen desde el comienzo de la crisis.
El Instituto Nacional de Estadística (INE) ofrece hoy los datos del Índice de Precios de Consumo (IPC) de julio, mostrando para Castilla y León una tasa anual en el mes de julio del 2,0%, una décima por debajo de la registrada en el mes anterior y dos décimas superior a la media nacional.
Esta moderación ha sido consecuencia de los menores incrementos experimentados en el grupo Medicina, que crece casi 8 puntos menos, sin embargo el grupo de Alimentos y Bebidas no alcohólicas se ha incrementado en 8 décimas.
Pese a que esta moderación es positiva y siempre bien recibida después de la importante pérdida de poder adquisitivo que han tenido las rentas y pensiones durante la crisis económica, es sorprendente que, pese a la evolución negativa de la demanda nacional y la caída constante que se registra en el consumo, el nivel de precios continúa en niveles altos. Que se mantenga este nivel de precios no es algo que pueda achacarse a la evolución de los salarios, como ha sido la excusa tradicional para no adoptar las medidas, verdaderamente necesarias, de control de los precios.
Sí resulta más verosímil la tesis que explica la incidencia en los precios del mantenimiento del excesivos márgenes empresariales, planteamiento que resulta reforzado si tenemos en cuenta que mientras que las rentas del capital han crecido desde el comienzo de la crisis económica a buen ritmo, la remuneración de los asalariados ha caído de manera preocupante, lo que ha dado como resultado un cambio radical en la distribución de la renta durante la recesión a favor de las primeras.
Se está dilapidando el esfuerzo y sacrificio de los asalariados, cuyo incrementos salariales se han moderado en línea con lo firmado en el II Acuerdo de Negociación Colectiva. Mientras, el ajuste salarial no se ha traducido en una mejora del mercado de trabajo, a través de la necesaria creación y mantenimiento del empleo, objetivo que ha brillado por su ausencia de las estrategias empresariales pese a los compromisos asumidos con el mencionado Acuerdo, que les obligaba a la dedicación de una mayor parte del excedente empresarial a inversiones de reposición y ampliación. Por el contrario, y en oposición al referido acuerdo, tampoco se han moderado las retribuciones de los altos directivos y ejecutivos de las empresas.
La evolución de los precios desmiente la vinculación entre las rebajas salariales y la creación de empleo, como ha se planteado recientemente desde el FMI y el Comisario Europeo de asuntos económicos y monetarios.
Se demuestra que las políticas neoliberales que se están aplicando en España, basadas en los recortes y reformas continuas, no hacen más que deteriorar la ya de por sí maltrecha economía, cargando sobre los trabajadores la factura de la crisis, al verse privados de sus derechos sociales y laborales y experimentar un deterioro significativo en su capacidad adquisitiva.
Por ello, desde UGT se pide al Gobierno un cambio de política económica porque la salida de la crisis no se encuentra en la precarización de las condiciones de trabajo ni en la devaluación de las condiciones de vida de la población. Debe pasarse de la austeridad y los recortes presupuestarios a impulsar medidas de estímulo al crecimiento y a la creación de empleo.